No voy a aburrirlos con otro post Navideño, que seguramente han leido ya varios, la mayoría empalagosos y parecidos a una caja de bombones barata. Esto es un pensamiento post-navideño .

Dos días de irrealidad, de sonrisas prefabricadas, un vale por dos dias familiares. No creo en el espíritu navideño, tampoco en los abrazos y las tarjetas de navidad; los abrazos son por convención y las tarjetas son reproducidas por miles en una fría imprenta de China, donde no son nada más que un negocio. No creo en los regalos, ni en los árboles de navidad y claramente no soporto las películas navideñas.

Si alguien dice que soy una Grinch, no lo tomo como ofensa; el Grinch es el personaje navideño más sensato que ha existido nunca, y creo que la película del Grinch es la única película navideña que no me ha dado arcadas.

Pero celebro la navidad. No, no me contradigo.

Celebro que todo el año hemos sido familia; celebramos como siempre, al rededor de la mesa, conversando mientras despachamos un queso oloroso al final de la comida, cuando abrimos los regalos que no hemos pedido. Porque un verdadero regalo no se pide; puede ser cualquier cosa, es la emoción en la cara del que regala, al recordarse a sí mismo devanándose los sesos para adivinar qué es lo que nos haría felices. Es saber que lo que hemos regalado hace feliz a otro.

Navidad no es una comida gigante y elaborada, no es un pino de pascua con un pesebre enterrado de regalos, no es pasarla en la casa decorada. Una navidad bien puede ser en un hotel, como tantas veces hemos tenido que pasarlas por el trabajo de mi papá. Sin pino, sin comida elaborada, en otro lado que no es "la casa".

Viajamos horas para llegar a ese lugar en medio de la nada, un pueblo de pocos habitantes, en un extraño hotel (vacío en esa epoca del año) que no combina con lo pequeño de la localidad. Pasadas las diez de la noche, asistimos involuntariamente a una misa navideña, el balcón del comedor daba directamente a la plaza y a la iglesia frente a ella. La plaza estaba llena, y los asientos frente al altar también. A pesar de ser verano, corría un viento frío que calaba y aún así la gente se reunía a cantar, arrodillarse y pararse, un regalo para el verdadero festejado en esta época del año, que es Jesús (aunque su fecha de nacimiento real es en Julio, según se piensa). L misa fue seguida de un pintoresco desfile de carros alegóricos. Analizando y haciendo un balance, creo que fue una de las mejores navidades que hemos pasado. Sin parafernalias, nada floripondioso, y lejos de "la casa".

Doy gracias por haber sido criada de esta forma; mis papás nunca me mintieron respecto al famoso viejo pascuero (Papá Noel, Father Christmas, San Nicolás, etc) y tengo una noción de la navidad distinta al resto. Y respecto a la gente que dice que no tuve infancia por no haber creído nunca en el viejo pascuero... bueno, es porque no saben de lo que se perdieron al creer en él, y cuando lo entiendan va a ser demasiado tarde.

Hay dos tipos de Navidad, ¿cuál eligen?

Feliz Navidad atrasada a mis lectores.